La actriz estadounidense Sigourney Weaver cautivó hoy a los marroquíes con el discurso de marcado contenido político que brindó en el homenaje recibido durante el Festival Internacional de Cine de Marraquech (Marruecos).
En un francés correcto aunque titubeante, la neoyorquina indicó que nunca habría podido creer que días después de "la revolución" experimentada en Estados Unidos tras la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales ella iba a encontrarse en un país árabe como Marruecos.
"Tenemos un Baraka" (en árabe, "buena suerte"), dijo Weaver a quienes llenaron la sede del certamen, con un juego de palabras en el que hizo alusión al nombre del nuevo presidente.
Weaver confió en que Obama consiga "un planeta más sabio, tranquilo y más justo", frase con la que se acabó de meter en el bolsillo a una audiencia que recibió con igual agrado su alusión de que "seamos marroquíes, franceses o estadounidenses", al fin y al cabo "todos somos terrestres".
Y no dudó en aprovechar la ocasión brindada para destacar la fortaleza de mujeres como la ex candidata demócrata Hillay Clinton, a la que reconoció que gracias a personas como ella las mujeres han vuelto a ser en la actualidad "sujeto de fascinación".
Agradecida se mostró también con los dos compañeros de profesión que le hicieron entrega del premio Estrella de Oro: el director Roman Polanski, con quien trabajó en "La muerte y la doncella", y Toby Jones, con el que compartió cartel en la película "Infame".
Fue un homenaje que, dada la cantidad de gente que había acudido fuera de la sede del certamen para ver su paso por la alfombra roja, ya antes de su inicio había empezado bien para la actriz, muy elegante en un traje azul celeste.
Todo aquel que observó a la neoyorquina de cerca no pudo sino constatar que sus recién cumplidos 59 años no han hecho estragos en su anatomía.
Pero fue Polanski quien tuvo la oportunidad de expresarlo en voz alta, al recordarle que "hace catorce años que no nos vemos y en todo este tiempo ni tú tienes una arruga ni yo he crecido un centímetro".
Horas antes de este homenaje, la actriz ya había reconocido que no sólo no le molesta envejecer, sino que le gusta ser una "actriz mayor", por considerar que ofrece "muchas más cosas al director" y tiene tras de sí "el verdadero peso de la experiencia".
Mucho ha llovido desde que se iniciara en 1977 en el mundo del cine con una breve aparición en la película "Annie Hall" del también neoyorquino Woody Allen, y de todo este tiempo guarda la satisfacción de haber trabajado con "grandes directores" y haber contado "historias muy interesantes".
En una entrevista con un reducido grupo de medios internacionales, entre ellos Efe, reconoció que le debe a su papel de teniente Ripley en la saga "Alien" las oportunidades con las que se ha labrado una extensa trayectoria, pero que de todos sus personajes ha aprendido y evolucionado.
"Creo que he tenido mucha suerte", aseguró Weaver, quien consideró que su labor como intérprete ha enriquecido su vida, le ha dado "mucha confianza" y le ha permitido "trabajar por todo el mundo, descubrir las cosas que tenemos en común", e interesarse más en luchar "por la igualdad y la justicia". Y hasta se puede decir que el mundo de la interpretación contribuyó a que fundara una familia.
Durante el rodaje de "Gorilas en la Niebla", "pasé tanto tiempo entre esos animales, que estaban todo el rato empujándome, tirándome del pelo, orinando encima, que pensé: 'Esto es divertido, creo que quiero ser madre'".
Weaver indicó que le resulta muy difícil escoger de entre todas sus películas una favorita, especialmente cuando considera que apenas está "en la mitad" de su carrera y que todavía le quedan muchos retos interpretativos por afrontar.
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